El miedo de niña


Por la inocencia de vida, durante 3 años mi concepto de miedo y maldad era muy limitado. Tenía miedo de un día no volver a ver a mis papás  y la bruja de Blanca Nieves era muy mala. Le tenía miedo a las hormigas porque sabía que los piquetes ardían mucho. Y nada más. Durante 3 años muy pocas cosas malas estaban a mi alcance.
Un viaje a Guadalajara lo cambió todo.
Resultaba toda una aventura visitar otra ciudad. Horas de camino que me permitían pláticas con mis papás. “¿Qué es eso?”; “¿Ya llegamos?”; “Tengo Hambre”; “Quiero ir al baño”; “¿Ya llegamos?”. Cien porciento entretenimiento familiar.
Llegar a Guadalajara y en automático cerrar los vidrios del coche y poner el seguro. No entender porque en otra ciudad distinta  a la mía, se tenía que hacer eso. Tenía calor y cuestioné a mis papás porque cerrábamos la ventana. Y una simple respuesta y una palabra  quedo grabada en mi memoria: Caroquintero.
No supe distinguir de la palabra si significaba un nombre, un camino, una enfermedad. Y la eterna curiosidad me hizo decir en voz alta: “¿Qué es eso?”. No recuerdo con exactitud la respuesta de mis padres. Pero algo en su respuesta cambio mi concepto de miedo y maldad para siempre.
Una persona que jamás había visto, una persona que creo haber entendido se robó a una muchacha en un semáforo, una persona que mataba gente. Es la persona que me hizo entender que en mí mundo perfecto, hay gente mala. Gente que hace sufrir a la mama de una muchacha. Que existe gente por la que mis papas, los que están ahí para cuidarme, ¡tienen miedo!.
Yo, siendo una María del Carmen, con una imaginación vívida y unos nervios fácilmente alterables, cambié para siempre. Deje una parte muy importante de mi inocencia. Sorprendentemente existe gente que no es buena. Y “Caroquintero” fue quien me lo enseñó.
Después de 28 años, Rafael Caro Quintero es puesto en libertad. Y mi libertad de volver a viajar por Guadalajara con los vidrios del coche abajo, fue arrebatada. Otra vez.
Resulta que anda suelto el personaje por el que por primera vez en mi vida, sentí miedo. Porque siempre supe que la madrastra de Blanca Nieves era una caricatura. Pero “Caroquintero” esta en la calle, mas específicamente por los semáforos de Guadalajara.
Han puesto en libertad a la raíz de mis miedos y mi decepción en la raza humana. Mi “coco” personal anda suelto. Y hoy como experta en drama irracional, vuelvo a sentir miedo de niña.
Y a falta de poder calmar mis pasiones, hoy negativas e histéricas, estoy esperando que Caro Quintero decida vivir el resto de su vida tranquilamente, sin preocuparse del “negocio” en una isla que no pueda localizar en el mapa.

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